Nevadas y efectos del viento

Por Conxi Ciurana

En los Pirineos las precipitaciones en forma de nieve son habituales en los meses de invierno, si bien se distribuyen de manera irregular según la disposición de los valles y las situaciones meteorológicas que las producen. Como es lógico, la vertiente norte de la cordillera suele llevarse la palma, no sólo en cuanto a la cantidad de nevadas al cabo del año, sino también a que éstas suelen alcanzar cotas más bajas. Pero puede ocurrir que se produzcan nevadas con tiempo de sur y entonces éstas pueden afectar en mayor medida a los valles situados en la vertiente sur del Pirineo. En el caso de Cataluña, excepto el Valle de Aran y la parte norte de la comarca del Pallars Sobirà, casi todos sus valles pirenaicos se encuentran situados en la vertiente sur.

Por otra parte, cuando hay nevadas, la línea imaginaria que marca la divisoria de aguas de la cordillera no actúa, ni mucho menos, como una línea exacta, de modo que, especialmente en zonas altas próximas a la misma, pueden darse casos en que las nevadas afecten a ambas vertientes casi por igual, ya sea con situaciones meteorológicas de norte o de sur.

Un buen ejemplo de todo esto fue la gran nevada del 11 de febrero de 2009: La situación era de sur y por ello nevó más en los valles con dicha orientación, pero también nevó con abundancia en valles orientados al norte, como el de Aran. En aquella ocasión, empezó a nevar durante la noche, con una débil nevada que no daba ninguna pista de lo que horas más tarde íbamos a vivir. En torno a las 9 de la mañana la nevada se intensificó y desde las ventanas podíamos ver cómo los centímetros se iban acumulando, tapando bancos, balcones, calles. También la carretera se iba cubriendo de blanco, y pronto las quitanieves ya no daban abasto. Pasaban, pero la carretera inmediatamente volvía a quedar blanca. En cuestión de unas tres horas, y mientras seguía nevando con intensidad, cualquier previsión había quedado desbordada, las carreteras estaban prácticamente intransitables y la prioridad era llevar de regreso a casa a los escolares.

Por aquel entonces yo me encontraba trabajando en un pequeño pueblo de un valle secundario, y no olvidaré que para hacer los 30 km de regreso a casa tardé mas de tres horas y media. En todo caso, no podía dejar pasar una ocasión como esta, para fotografiar la que había sido una de las mayores nevadas en el fondo del valle desde hacía mucho tiempo: 60 cm. en Esterri d’Àneu (960m.), lugar al que corresponden estas fotografías de los coches cubiertos de nieve.

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Normalmente, cuando nieva de norte, la nevada afecta a todos los puntos situados en la parte alta del Pallars Sobirà, incluidos los valles de Àneu. El puerto de la Bonaigua (2.032m.), uno de los puertos por carretera más altos de España, se encuentra en la divisoria entre las vertientes norte y sur del Pirineo, entre el valle de Aran y los valles de Àneu. Este puerto es, a la vez que un paso importantísimo entre valles, también uno de los más castigados en caso de nieve, viento y aludes. Las nevadas del norte suelen ir acompañadas de viento, en ocasiones con rachas fuertes. Una vez pasado el temporal, se puede ver cómo el viento ha dejado totalmente moldeada la nieve acumulada en las curvas que ascienden al puerto por la vertiente sur.

Esto es lo que podemos ver en las imágenes siguientes, que corresponden a la nevada de los días previos al puente de la Inmaculada del pasado mes diciembre. El “viento del puerto”, como se conoce al viento del norte en las comarcas de montaña, es el responsable de moldear la nieve con estas formas tan sensuales y redondeadas que sólo pueden verse tras una gran nevada recién caída, que haya venido acompañada de un episodio de fuerte viento y antes de que los animales o los humanos empiecen a dejar sus huellas sobre la misma.

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